En la esquina de mi mente, un laberinto,
dos caminos se cruzan, amor y odio,
tu risa, un destello que ilumina mi sombra,
pero también, un susurro que corta como acero.
Te miro y me pierdo en los matices,
en el vaivén de tus palabras, luces y sombras,
una chispa de cariño y un fuego de rencor,
bailamos en el limbo entre el querer y el horror.
Las noches son un juego de emociones,
me abrazas con ternura, me hieres con tu alo,
cada caricia es un eco de mil batallas,
un conflicto interno que nunca callo.
En mis venas fluye el néctar de tu amor,
pero en la misma corriente, el veneno de tu engaño,
las memorias son un rompecabezas fracturado,
piezas de felicidad y fragmentos de desengaño.
A veces te amo con la fuerza de un huracán,
otras, te odio con la calma de un desierto,
una lucha perpetua en este corazón errante,
un tango audaz entre el deseo y el desierto.
Nos encontramos en el parpadeo de un instante,
un abrazo que sana, una mirada que hiere,
y busco las respuestas en tu laberinto,
donde el amor es fuego y el odio, su terciopelo.
Pero aquí estamos, atrapados en el juego,
entre el grito y el susurro, entre el adiós y el te quiero,
navegamos en esta corriente de contradicciones,
donde amar y odiar son la misma ilusión,
y a veces, son lo único que tenemos.
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